15 febrero 2011

Sólo tiempo


Personajes / pareja: Changmin
Género: Angst
Resumen: Hay cosas que ni siquiera el tiempo es capaz de cambiar.
Rating: PG-13
Palabras: 1.366
Disclaimer: Si Changmin o cualquiera de ellos-los-más-grandes me perteneciese no sería capaz de escribir ni siquiera dos palabras seguidas con algo similar a la coherencia. Así que no, ni me pertenecen ni gano nada con esto.
Notas: Fic creado para el primer intercambio ‘Una imagen un fanfic’ de la comunidad Yuminjae. En este caso, el fic corresponde a la imagen que me ha dado mi adorada chunnie_sam.


 photo dbsks-changmin-for-frau9-magazine051_zps480d82a3.jpg


Sólo tiempo




Se quedó parado, muy, muy quieto, justo al lado de la puerta del local. Su respiración contenida en ese agujero que se abrió en su pecho al mirarlos allí, una herida que creía olvidada y enterrada. Su corazón concentrando todo el movimiento que debería haber en su cuerpo, y sus manos, frías y entumecidas, comenzando a humedecerse.

Tenía que ser real porque su mente nunca le había jugado una pasada tan mala, ni siquiera cuando había recibido la puñalada y la herida era fresca y punzante en su pecho. Seúl era lo suficientemente grande para los cinco y jamás había tenido que volver a cruzarse con ellos, ni una sola vez. Y durante más de quince años había creído firmemente que si ocurría sería capaz de ignorarlo.

Ahora que estaban ahí, al fondo de ese local, riendo y desconociendo su presencia, se dio cuenta de cuán iluso había sido. Porque todas sus terminaciones nerviosas seguían recordando demasiado bien y seguían anhelando algo que hacía mucho tiempo que no era suyo. Algo que quizás nunca lo había sido.

Changmin se quedó allí como el niño inseguro que ya no era, incapaz de hacer reaccionar algún músculo de su cuerpo para que avanzara o diera la vuelta. Se quedó allí, mirando sus risas y sus expresiones y memorizando los cambios que el tiempo había ejercido en ellos; el pelo corto y algo encanecido de Yoochun, las líneas que se habían pronunciado alrededor de la boca de Junsu, la piel ya no tan perfecta de Jaejoong...

Y sobre todo, se quedó allí llenándose de las cosas que no habían cambiado, que seguían ahí inamovibles como el tiempo: la calidez de sus ojos al mirarse unos a otros y la sinceridad y el amor que eran capaces de expresar sus sonrisas. Esas que mucho, mucho tiempo atrás habían sido dirigidas también a él...

Sitió cómo la puerta lo golpeaba suavemente al abrirse de nuevo, a su espalda, y eso lo hizo reaccionar como no había sido capaz de lograr por sí mismo. Cerró los ojos y dio media vuelta, abandonando el restaurante sin mirar atrás, tratando de alejarse de lo que, por mucho que corriese, no iba a poder huir; toda esa amalgama de sentimientos y recuerdos quemando en su pecho y en su mente y en cada maldito rincón de su cuerpo que no había podido olvidarlos.

Sólo cuando llegó a la esquina de la manzana se detuvo, mirando sin ver el cartel luminoso de la acera de enfrente, donde estaban marcados los tres grados bajo cero a los que se encontraba su cuerpo. Donde justo un segundo antes había estado grabada, con números rojos como el fuego, la fecha de ese día: Veintiséis de diciembre. Veintiséis de diciembre del dos mil veintiséis.

El nudo deshilachado de su pecho se apretó con más y más fuerza hasta casi ahogarlo, impidiendo que el aire llegase completamente a sus pulmones, que parecían haber olvidado cómo respirar. El frío colándose en su cuerpo por rendijas inexistentes y congelando su sangre, sus músculos, sus ojos y su mente. Sus dientes apretados unos contra otros con tal presión que sus encías dolían.

Veintiséis de diciembre. Todo risas calor y felicidad. Todo buen sentimiento compartido. Luego horror, abandono, desolación y alcohol. Alcohol hasta perder la razón...

Veintiséis de diciembre volvía a verlos y todo se mezclaba de nuevo.

—¿Changmin?

La voz que lo llamó ya no tenía la musicalidad del pasado, era más oscura y cansada, pero no podía existir un mundo donde Changmin no la reconociese. Porque durante la única parte de su vida donde realmente se había sentido vivo, esa voz había formado parte de sí mismo.

Se giró despacio hacia Jaejoong y simplemente lo miró, sin decir nada, sin confirmar algo que era evidente. Y su antiguo compañero también guardó silencio en ese momento donde, después de más de quince años, volvían a verse.

Changmin siempre había querido gritarle a la cara todo lo que pensaba de él, de los tres, lo que había supuesto su abandono tanto para él como para Yunho. Cómo por su culpa se había terminado su carrera al cumplir los treinta, igual que un grupo de idols cualquiera. Cómo Yunho y él se habían ido alejando cada vez más hasta verse solamente una o dos veces al año, en visitas fugaces y por compromiso más que por placer. Cómo ninguno había sido capaz de casarse o de tener una relación normal, demasiado marcados por su abandono, con una inseguridad y un miedo que ni todos los psicólogos del mundo hubiesen podido curar.

Tenía una lista completa de reproches que venía a su cabeza en los momentos más insospechados y que, con el tiempo, había metido en el mismo cajón que los recuerdos en los que no quería pensar.

Pero ahora, ni su voz, ni su mente ni ningún otro músculo evocaba ningún reproche ante la presencia de Jaejoong. De repente volvía a ser ese niño de quince años que había encontrado en él y en los otros tres la familia poco convencional pero auténtica que jamás había esperado cuando dejó a sus padres. Volvía a ser ese adolescente que había aprendido a quererlos en todos los sentidos posibles y que se había dejado mimar pensando que esa época jamás terminaría.

Y toda esa avalancha de cosas nunca olvidadas lo desbordó, dotando a su cuerpo de todo el movimiento que había perdido en los últimos minutos y haciéndolo avanzar para hacer lo único que parecía natural en ese momento: rodear a Jaejoong con sus brazos y fundirse en el abrazo que, sin saberlo, tanto había necesitado.

Apenas notó el momento en que Yoochun y Junsu llegaron y se unieron a ellos, ni el tiempo que tardaron en trasladarse a aquella habitación de hotel donde, aun sin decir palabra, todos volvieron a fundirse en uno como en aquellos años donde sólo se habían tenido unos a otros. Ni fue consciente de las caricias, besos y mordiscos que dejarían marcas en su cuerpo ya adulto y que serían durante semanas una prueba de que eso había ocurrido realmente. No se dio cuenta del momento en que cerró los ojos y se quedó dormido, rodeado por brazos y piernas que completaban su cuerpo y abrazaban su alma.

Sí fue consciente del momento en que volvió a abrir los ojos y los cuerpos que le rodeaban habían desaparecido. El momento en que miró a su alrededor y se dio cuenta de que no estaba en ninguna habitación de hotel, sino en su propio cuarto, en Seúl, aun vestido sobre la cama y con la cabeza apoyada sobre su brazo derecho. El instante en que recordó que no era veintiséis de diciembre, ni estaba en el año dos mil veintiséis, sino que era catorce de febrero del dos mil once.

Y que todo había sido un sueño.

Cerró los ojos y volvió a repasar las imágenes en su mente mientras dejaba fluir todo lo que le había provocado el sueño, todo lo que sentía arder en su pecho como si hubiese sido real. Porque puede que en ese momento no lo fuese, que no hubiese pasado tantos años sin verlos y sin hablar con ellos y que no sintiese la necesidad imperiosa de tocar sus cuerpos para asegurarse de que eran reales.

Pero lo sería. Si nada cambiaba ese horrible sueño se volvería real y su mundo se limitaría a una existencia vacía y sin sentido. Solo. Completamente amargado y solo.

Se dio la vuelta sobre la cama y estiró el brazo hasta el teléfono que tenía apoyado sobre la mesilla, donde seguían estando esos números que no había vuelto a marcar desde el dos mil nueve. Esos que no había sido capaz de borrar en su primer ataque de furia, cuando su antiguo teléfono sí había terminado hecho añicos en el suelo de su habitación. Los que seguían siendo la única evidencia de la esperanza que todavía sentía.

Suspirando, pulsó la tecla de llamada y deseó con todas sus fuerzas que su esperanza no fuese la única que aun vivía.

03 febrero 2011

La forma apropiada de decir 'Feliz cumpleaños'


Personajes/Pareja: Changmin/Kyuhyun (Super Junior)
Resumen: El cumpleaños de Kyuhyun nunca podrá ser obviado por Changmin.
Rating: PG-13
Palabras: 1.311
Disclaimer: Ninguno de los dos me pertenece, por desgracia U.U



La forma apropiada de decir Feliz Cumpleaños




“Feliz cumpleaños.”

Kyuhyun frunció el entrecejo y volvió a leer el mensaje. Y luego otra vez. No era que le extrañase la felicitación en sí, al fin y al cabo era 3 de Febrero, y eso significaba que toda la gente que conocía (y que no se acordaba de él el resto del año) recordaba de pronto que era su cumpleaños y se dedicaba a enviarle mensajes por cualquier medio a su alcance, ya fuese sms, mail o twitter. Lo que le extrañaba era que esa frase tan escueta e impersonal fuese de Changmin, quien siempre se dedicaba a putearlo durante los quince días al año que era numéricamente mayor que él. Sus mensajes de felicitación siempre solían contener pullas veladas (o no tan veladas) que le hacían plantearse por qué demonios seguía considerando a Changmin uno de de sus mejores amigos.

Ese año, en cambio, parecía haber dejado todo eso atrás para limitarse a felicitarlo como un adulto lo haría. Cualquiera podría pensar que eso era una muestra de madurez, pero Kyuhyun sabía que Changmin nunca sería lo suficientemente maduro como para dejar pasar la oportunidad de putear a alguien, sobre todo si la ocasión venía envuelta en papel de regalo y adornada con un lacito.

Frunciendo aun más el entrecejo, Kyuhyun pulsó ‘responder’ en su teléfono móvil y escribió:

“¿Y ya está? ¿Ninguna ingeniosa ocurrencia que añadir a eso?”

Era evidente que Changmin había estado esperando su mensaje, porque ni dos minutos después, su móvil volvió a vibrar anunciando un nuevo sms.

“Es lo convencional, ya sabes. Uno cumple años y la gente lo felicita.”

Kyuhyun sonrió, comenzando a comprender de qué iba todo eso. Probablemente Changmin estaría tirado en el sofá de algún hotel de Tokio, mirando su móvil con una sonrisa perversa y pensando el mejor modo de atormentarlo. Su amigo lo conocía demasiado bien como para saber que no se conformaría con una felicitación vacía de su parte, no cuando todos los años tenía algo más. Y con seguridad tendría ya preparadas cuidadosamente todas y cada una de las respuestas a sus posibles preguntas.

Sonrió socarronamente mientras se guardaba el móvil en el bolsillo, sin responder. Si Changmin tenía un plan, fuera el que fuese, no se detendría por una nimiedad como que él no cooperase. Y realmente sentía curiosidad por saber cómo reaccionaría a su silencio.


—~o0o~—



Cuando volvió a mirar su móvil, tras terminar la grabación de Come to play junto con Ryeowook y Yesung, en su bandeja de entrada había cuatro mensajes de Changmin.

“Pero sólo para que te sientas mejor, admitiré que siento cierta envidia. Alcanzarás la edad para jubilarte antes que yo. Mientras trabajo tu estarás dedicándote a cosas de ancianos.”

El segundo, apenas diez minutos después, decía:

“¿Eres más feliz ahora?”

El tercero había sido enviado una media hora más tarde, y el tono era completamente distinto a los anteriores.

“Ignorarme nunca te ha funcionado, Kyu. Pensaba que a estas alturas ya eras consciente de ello.”

Y el último, de cinco minutos atrás, terminaba por fin con la paciencia de su amigo.

“Bien, te quedas sin regalo. Dejaré ese bastón precioso acabado en plata para el año que viene.”

La sonrisa de Kyuhyun se hizo instintivamente más amplia al terminar de leer. Ese sí era su Changmin de siempre, el mismo que lograba hacerlo reír incluso con más facilidad que Heechul, lo que era toda una hazaña. Y el que hacía de sus cumpleaños algo memorable, aun cuando no pudiese estar con él. Porque si se ponía a pensarlo, a lo largo de los años los mejores recuerdos de cada uno de sus aniversarios incluían a Changmin, de un modo u otro. Y aunque ese año estuviera en Japón, en plena promoción de su último disco con Yunho, su amigo seguía acordándose de él.

“Yo quiero mi bastón este año. ¿En serio vas a dejar que tu hyung pase todo un año arrastrándose por no poder apoyarse apropiadamente en un bastón?”

El mensaje era completamente intencional, una pulla de las que compartían, porque si había algo que Changmin jamás le llamaría, era ‘hyung’. Y eso, indudablemente, le impelería a responder. Pero por más que miró la pantalla del móvil de camino a casa, ningún otro mensaje apareció en ella.


—~o0o~—



Cuando abrió la puerta de la habitación que compartía con Sungmin, lo primero que vio fue el montón de ropa que había en el suelo, justo a los pies de su cama. No recordaba haber dejado nada ahí, y estaba a punto de pegar cuatro gritos para averiguar cuál de sus compañeros se había metido otra vez en su cuarto cuando reparó en que había alguien tumbado encima de su cama, y todos sus pensamientos homicidas desaparecieron al instante. Porque uno no piensa en matar cuando ve sobre el edredón un escultural cuerpo masculino, completamente desnudo, ni una sonrisa devastadora asomando por encima de la PSP con la que parecía haberse estado entreteniendo hasta ese momento.

Kyuhyun abrió los ojos con completa sorpresa cuando fue capaz de procesar que ese hombre era Changmin, el mismo Changmin que se suponía que estaba en Tokio promocionando ‘Keep your head down’ y que se había negado a responder su último sms.

—Feliz cumpleaños —dijo tranquilamente Changmin, ampliando su sonrisa mientras apartaba la PSP a un lado y cruzaba las manos sobre el pecho.

Ante el sonido de su voz, Kyuhyun logró salir de su estupor el tiempo suficiente como para dejar la mochila en el suelo y cerrar la puerta de un golpe. ¿En qué momento había bebido alcohol ese día? Porque no se había enterado. Pero debía de haber ingerido una gran cantidad como para tener unas alucinaciones tan perfectas.

—¿Qué haces aquí? ¿No se supone que estabas en en Japón?

—Estaba. Pero pensé que nadie celebraría apropiadamente tu cumpleaños, y tenía que remediarlo.

Kyuhyun sonrió, acercándose a la cama.

—¿Tu? Déjame adivinar, ¿Es este mi regalo de cumpleaños? ¿Qué hay de mi bastón?

Changmin se rió entre dientes, incorporándose hasta quedar sentado.

—Deberías preguntarle a Heechul. Realmente tenía uno, pero insistió en quedárselo a cambio de colaborar conmigo y dejarme pasar sin que te enteraras. No tengo ni idea de para que querría un bastón y... honestamente no quiero imaginarlo...

—¿Y qué pasa si este regalo no me gusta? ¿Puedo devolverlo?

En esa ocasión la risa de Changmin fue completamente audible, y la mirada depredadora con que lo recorrió después hizo que el vello de Kyuhyun se erizara de anticipación. Era precisamente por estas cosas por las que adoraba a Changmin, por ser capaz de cruzar media Asia para estar con él el día de su cumpleaños y sorprenderlo. Porque todo el tiempo se había tratado de eso. Había enviado ese críptico mensaje para que pensara que ese era su juego ese año, que se trataba de provocarlo de un modo distinto al no poder estar con él. Y todo parar que no fuese consciente de que habría más sorpresas, para que no imaginara jamás que podría hacer otra cosa...

Kyukyun sonrió, subiéndose a la cama, y se acercó a Changmin mientras este murmuraba:

—Te gustará, Kyu, puedes apostar que te gustará.