10 septiembre 2010

Capítulo 4 (Recursos de la mente)


Capítulo 4: Alcohol





Tendría que haberse imaginado que estaría allí. Honestamente, hacía tiempo que se preguntaba por qué a ese local aún no le habían puesto el nombre de Jaejoong, porque la mayor parte de las noches que salía acaba allí. Hasta tenía reservada permanentemente una de las salas privadas del primer piso, con mesas y cómodos sillones, necesaria para que las fans no invadiesen su intimidad. Tanto era así que, cuando comenzó lo de la demanda, la SM les había prohibido a él y a Yunho la entrada al local para evitar que se encontrasen con sus ex-compañeros.

Changmin entró sin problemas en cuanto el portero lo reconoció, aun cuando se suponía que el local exigía una cierta etiqueta y él no llevaba más que unos vaqueros y un jersey de lana. Inmediatamente se dirigió hacia el primer piso, sin buscar entre la multitud y tratando de pasar lo más desapercibido posible; Jaejoong sólo bajaba cuando pretendía ligar, y tal como estaba la situación sabía que no era el caso.

Afortunadamente, Changmin no se encontró con ningún conocido en todo el trayecto, y nadie lo abordó con peticiones tontas de fotos o autógrafos. Esa noche su paciencia era bastante escasa, y tener que atender a Jaejoong la colmaría por completo, por lo que mejor que nadie se acercara o al día siguiente todo el país estaría enterado de que Choikang Changmin de ‘Dong Bang Shin Ki’ se había vuelto aun más borde de lo que ya era. Lo que sería todo un logro...

Por fin alcanzó el reservado, prácticamente al fondo del local, y ni siquiera se molestó en llamar antes de abrir la puerta y pasar al interior.

Como había imaginado, un buen numero de botellas de licor estaban esparcidas sobre la pequeña mesa que había entre los sofás, la mayoría de ellas mediadas, y a juzgar por lo mojado que estaba el cristal de la mesa, una buena parte del contenido había sido derramado sobre ella. El culpable de ese desastre, Jaejoong, estaba sentado sobre uno de los sillones, con la espalda encorvada y los codos apoyados sobre las rodillas, sosteniendo precariamente entre las manos lo que parecía ser el enésimo whisky de la noche. Y lo miraba con ojos vidriosos y desenfocados como si fuese lo más interesante del universo...

Sin embargo, y en contra de lo que Changmin había previsto, estaba solo. Al parecer no había podido convencer a ningún amigo para que lo acompañara esa noche, o quizás ni siquiera lo había intentado. En el pasado, hubiese sido prácticamente imposible encontrarlo en ese o cualquier otro garito bebiendo sólo, ya que por lo general no soportaba la soledad. Pero en el presente a Changmin ya no le sorprendía prácticamente nada del extraño comportamiento de su hyung...

—Jaejoong —dijo a modo de saludo, cerrando la puerta, aun cuando sonó más a suspiro cansado que a otra cosa.

Su compañero no respondió. Siguió mirando como el hielo se derretía en ese vaso que tenía entre las manos, completamente ajeno a su presencia. Changmin se preguntó vagamente si no lo habría oído o si en realidad estaba tan borracho que era incapaz de articular palabra. Aunque a juzgar por la vehemencia con que lo había encarado por teléfono, suponía que sus capacidades vocales seguían funcionando a la perfección. O bueno, todo lo perfectamente que pueden funcionar en un hombre cuya sangre debía de ser el líquido menos abundante en su organismo en ese momento...

Puso los ojos en blanco ante ese pensamiento y dio un par de pasos en dirección a Jaejoong. Sabía de antemano que sería difícil sacarlo de allí sin tener que emplear la fuerza, que convencerlo iba a llevar un tiempo superior a cualquier previsión que pudiese hacer, pero no iba a permitir que comenzara ignorándolo. Así que en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, Changmin apoyó la mano derecha sobre su hombro pretendiendo hacerle notar de ese modo su presencia, y se dispuso a volver a hablar...

Pero nada más tocarlo, Jaejoong pareció cobrar vida y se movió como un resorte, apartándose violentamente de él y golpeándole la mano que había apoyado en su hombro para alejarla. Sus ojos, que antes habían estado clavados en la bebida, se volvieron hacia él, mirándolo con una furia que, estaba seguro, nada tenía que ver con ese breve e inocente contacto de su mano.

—¡No me toques! —dijo con ese tono pastoso que había empleado por teléfono, elevando la voz mucho más de lo necesario.

Changmin frunció el entrecejo, confundido por la reacción de Jaejoong. En el pasado habían discutido miles de veces, e incluso habían llegado a las manos en más de una ocasión, pero en cierto modo siempre era justificado. Y normalmente estaban en igualdad de condiciones...

Esta situación era por completo diferente. Su estado y el de Jaejoong no tenían nada que ver, y la exagerada reacción de este ante su contacto carecía de explicación, al menos de una lógica.

—Sigues enfadado —dijo Changmin, remarcando lo obvio, mientras se sentaba en el sofá que había frente a Jaejoong, al otro lado de la mesa—. Y sigo sin saber por qué.

Por toda respuesta, Jaejoong lo atravesó con esa mirada vidriosa cargada de furia y dio un trago al vaso que todavía tenía en la mano. Puede que estuviese borracho, y puede que sus capacidades y su razonamiento en esas condiciones fuera prácticamente inexistente, pero Changmin sabía que si su mente estaba centrada en algo, ni todo el alcohol del mundo podía hacerle olvidar.

Changmin no quería hablar con él así. Si lo que se imaginaba era cierto, si realmente lo que le pasaba a Jaejoong tenía que ver con esa opción que en un principio le había parecido tan remota, no quería que fuese así. Porque probablemente su hyung no se acordaría al día siguiente de lo que había dicho, ni recordaría ninguna de sus palabras en respuesta, pero él se acordaría. Y la experiencia le decía que la mayor parte de las veces las conversaciones en el estado en que estaba Jaejoong no merecían la pena...

—Vámonos a casa —dijo Changmin tras un instante de silencio, mirándolo fijamente a los ojos—. Ya has bebido demasiado.

Un murmullo, apenas entendible, salió de los labios de Jaejoong.

—Vete tu. Nadie te pidió que vinieras...

Changmin suspiró, armándose de paciencia. Como había previsto, no sería fácil convencerlo. Por supuesto, siempre le quedaba la opción de sacarlo a rastras empleando la fuerza, pero eso probablemente causaría un gran revuelo y era algo que él prefería evitar.

—¿Por qué quieres quedarte? —preguntó, intentando usar la lógica, sabiendo que era un término desconocido para Jaejoong aun estando sobrio—. A juzgar por tu expresión no te lo estás pasando precisamente bien...

Su compañero frunció el entrecejo, como si le costase entender la pregunta, y aprovechó para dar otro trago a la bebida que dejó el vaso sólo con hielo.

—Puedo hacer lo que me plazca —respondió.

Changmin puso los ojos en blanco y se dejó caer hacia atrás en el sofá, apoyándose en el respaldo.

—Siempre lo haces.

Por alguna razón, su respuesta pareció enfurecer todavía más a Jaejoong, que apretó el vaso con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su mirada colérica volvió a atravesar a Changmin de un modo incluso más intenso que antes, y la furia era tal en su tono cuando habló que apenas se distinguieron unas palabras de otras:

—Si hiciese lo que quiero tu no podrías soportarlo...

Changmin se preguntó vagamente qué querría decir con una respuesta tan críptica, pero no dijo nada. Estando sobrio, Jaejoong le daría una respuesta que lo confundiría aún más. No quería ni siquiera pensar lo que podría responder en ese estado, así que se limitó a asentir con la cabeza y contestó:

—Lo que tu digas.

Jaejoong apartó la mirada para coger una de las muchas botellas que había sobre la mesa y volver a servirse un trago de whisky, y una vez hubo llenado el vaso, bastante torpemente, se dejó caer hacia atrás, hacia el respaldo, quedando en una postura desmadejada, con la bebida apoyada prácticamente sobre su pecho.

—¿Qué pretendes con esto, Jaejoong? —volvió a preguntar Changmin ante el silencio obstinado de su hyung—. Pocas veces te he visto beber sólo...

Por un breve instante, Changmin pensó que no iba a responder. Sus ojos volvían a estar clavados en el vaso que tenía sobre el pecho, y su atención parecía estar a kilómetros de ese pequeño reservado. Sin embargo, finalmente respondió erráticamente:

—Tú nunca ves nada...

Era un reproche. No era una respuesta a su pregunta y Changmin estaba seguro de que ni siquiera tenía que ver con la conversación que estaban manteniendo. Era otra cosa, la piedra angular de toda esa situación, lo que de verdad lo enfurecía y lo había llevado a ese estado de embriaguez en el que ahora se encontraba. Jaejoong estaba cabreado con él porque no era capaz de ver lo que ocurría, porque no era capaz de ayudarlo, pero tampoco de quedarse al margen...

Jaejoong pretendía que huyera, que lo dejara sólo con sus propios problemas, esos que sabía que no iba a solucionar pero que tampoco quería compartir con él por nada del mundo. Él mismo lo había dicho: no quería ser odiado, al menos no por él.

Y Changmin lo entendía. Jaejoong no podría soportar más odio del que él mismo tenía dentro, del que sentía hacia sí mismo...

—Puede parecerlo —respondió Changmin calmadamente, mirándolo a los ojos, aun cuando se había prometido que no iba a intentar conversar seriamente con su compañero—, pero no estoy ciego.

Ante su afirmación, Jaejoong volvió la vista hacia él, alejando el vaso de su pecho en un gesto violento y derramando algo de su contenido sobre el sofá. Su expresión, entre furiosa y dubitativa, dejaba en claro que no estaba seguro de lo que quería decir, y que esperaba que sólo lo estuviese vacilando.

—¿Qué quieres decir? —preguntó, volviendo a fruncir el entrecejo.

Changmin sonrió, recostándose contra el sofá y apoyando los brazos sobre el respaldo de este, en un gesto que exudaba confianza y determinación.

—Por la tarde —dijo calmadamente, sin apartar la mirada de Jaejoong—, cuando escuchaste lo que no debías, hubo algo que no llegué a decirle a Yunho: la segunda opción, esa que me parecía también bastante improbable y de la cual, a cada minuto, me convenzo más.

Jaejoong abrió los ojos por completo durante un segundo, con una expresión que denotaba tanto terror que hizo que Changmin ampliase su sonrisa autosuficiente. Temía que hubiese adivinado lo que en verdad le pasaba, que hubiese descubierto ese secreto que estaba empeñado en mantener oculto. Y si era lo que pensaba, Changmin lo entendía...

—No quiero saberlo —murmuró Jaejoong, apartando la mirada para volver a clavarla en su vaso medio vacío.

—Mientes —respondió Changmin, aun sonriendo—. Pero este no es el momento, y mucho menos el lugar, para hablar de ello.

—Sólo quieres confundirme —insistió Jaejoong, sin levantar la vista de ese vaso que parecía encontrar tan interesante.

—No me necesitas para eso.

Era evidente que Jaejoong no sabía de que estaba hablando, o más bien pretendía no saberlo. Deseaba con todas sus fuerzas que él no se hubiese dado cuenta, porque eso echaría por tierra todos los esquemas que hubiese hecho. Probablemente había imaginado un sin fin de situaciones en las que él descubría la verdad, pero Changmin estaba seguro que ni siquiera una de esas premisas se acercaba a lo que de verdad ocurriría si estaba en lo cierto.

—Quieres que te cuente que yo... que tu... —insistió Jaejoong, desesperado—. No, no voy a hacerlo.

—Yo no te he pedido eso.

Jaejoong dio un trago a su bebida, a todas luces intentando calmarse, y replicó más furioso de lo que la situación ameritaba:

—Yo tampoco te pedí que vinieses, y aquí estás.

Changmin sonrió y se inclinó hacia delante. Jaejoong no había perdido oportunidad de recordarle que no lo quería ahí y que no necesitaba su ayuda, pero era evidente que lo necesitaba, en más de un sentido.

—Sí —dijo, poniéndose en pie—. Vine para llevarte a casa, y es exactamente eso lo que vamos a hacer.

La mirada de terror de Jaejoong se incrementó, y casi gritando replicó:

—No. No, no, no —exclamó, arrastrándose por el sofá en un intento de alejarse de él—. Tu no... Yunho. ¡Quiero a Yunho! —frunció el entrecejo y añadió—. O a Yoochun.

Changmin volvió a sonreír y, acercándose a él, susurró:

—Es una lástima que sólo esté yo.


—~o0o~—



Jaejoong miraba al frente, a través de la luna del coche, tratando de imaginarse que en realidad no estaba metido en ese automóvil, y que su acompañante nada tenía que ver con Changmin. Claro que la empresa era difícil cuando sus ojos tenían la molesta costumbre de desplazarse cada pocos minutos hacia la derecha, donde su compañero estaba sentado, conduciendo. O cuando su olor impregnaba todos y cada uno de los rincones de ese magnífico coche. O cuando debía mantener los brazos cruzados sobre el pecho para evitar que sus manos comenzasen a recorrer su cuerpo de arriba abajo...

En realidad no debería estar ahí. En ese momento Jaejoong debería estar todavía en su local favorito disfrutando en soledad de la bebida hasta perder el sentido, o mejor, hasta recuperar el que en algún punto había perdido. Pero no. Había tenido que marcar el teléfono de su dongsaeng y gritarle cosas que no había sido capaz de decirle a la cara y que, en el fondo, sólo tenían el propósito de lograr su atención, fuese como fuese.

Y vaya si lo había logrado. Changmin se había presentado rapidísimamente en el establecimiento, aun cuando se había negado a decirle donde estaba, y lo había encarado de forma directa y calmada. Era evidente que ya no estaba enfadado por su pequeño desliz al escuchar a hurtadillas la conversación que había mantenido con Yunho por la tarde, y su llamada, lejos de alterarlo, lo había dejado completamente indiferente...

Jaejoong no podía soportarlo. Odiaba profundamente su calma, como desechaba todas y cada una de sus palabras como si no tuviesen importancia, escudándose en el hecho de que estaba borracho. Y odiaba que lo mirase de esa forma tranquila y confiada de quien es dueño de la situación y va a hacer su voluntad por encima de quien sea.

¡Cómo le hubiese gustado estar en verdad tan borracho como para no enterarse de lo que estaba pasando! Cuando lo oyó aparecer había tratado de ignorarlo, concentrándose en cualquier tontería, pero había sido completamente en vano. Todos sus sentidos eran sensibles a Changmin en un grado que jamás había experimentado. El alcohol, lejos de embotarle la mente volviéndolo insensible a lo que sucedía a su alrededor, parecía haber tenido el efecto opuesto, incrementado mil veces todas las sensaciones que su dongsaeng le producía...

Con la salvedad de que era menos dueño de sí mismo, y de sus actos, y sentía que en cualquier momento podría hacer algo que dejase al descubierto todo ese estúpido asunto con Changmin...

Cuando lo había tocado en el hombro, Jaejoong hubiese podido saltarle encima. Ese breve e inocente contacto lo había desestabilizado por completo, y había tenido que apartarse violentamente porque toda su concentración se había ido al traste. Su mente había quedado en blanco durante unos segundos donde todo su ser le gritaba que tenía a Changmin para él, que estaban solos, en ese lugar apartado en el que nadie los molestaría nunca... Y una considerable cantidad de imágenes que no debería permitirse habían inundado su mente un segundo después ofuscándolo del todo...

Afortunadamente, el hecho de que Changmin tuviese tanto poder sobre él, que lograse desestabilizarlo con tan poco, lo había enfurecido por completo, y había decidido aferrarse a esa ira para mantenerse a sí mismo a ralla. Changmin era el enemigo. Sólo tenía que repetirse eso una y otra vez hasta volver a estar a salvo en su habitación y poder dar rienda suelta a todos esos pensamientos turbadores...

Sin embargo, ese mantra se hacía difícil de mantener en ese espacio tan reducido donde todo le recordaba a Changmin, y donde con apenas estirar una de sus manos podría tocarlo. Su mente se distraía a la mínima oportunidad cada vez que sus ojos se volvían hacia Changmin: sus manos sobre el volante, agarrándolo con tal suavidad que casi parecía una caricia; su pelo rebelde, despeinado por el viento que entraba a través de la ventanilla; su boca ligeramente abierta, con los labios algo resecos que provocaba que su lengua se desplazase por ellos cada poco tiempo para hidratarlos...

¿Por qué puñetero motivo todas esas cosas tan normales lo atraían de ese modo? ¿Por qué no podía dejar de pensar en ser él quien hidratase esos labios con su lengua, lenta y pausadamente, hasta que sus labios se uniesen impidiendo que el aire se escapase? Y sentir las manos de Changmin en su cuerpo acariciándolo con la misma suavidad con la que se aferraban al volante...

Jaejoong tragó por saliva, cerrando los ojos y mordiéndose el labio inferior por enésima vez desde que había subido al coche. Señor, se suponía que el alcohol iba a hacerle olvidar, iba a hacerlo sentir bien por una vez, y sin embargo... Todo lo que podía sentir era calor, un calor abrasador y asfixiante que lo recorría de arriba abajo mientras su sangre se acumulaba en un incómodo punto de su cuerpo que no iba a poder ocultar por mucho tiempo.

Ni siquiera se dio cuenta de que habían llegado al garaje del edificio donde vivían, ni de que su dongsaeng había apagado el motor del coche tras aparcar. Todo lo que podía hacer era repetir una vez y otra, y otra más ese mantra que lo ayudaba a mantener la cordura; y permanecer con los ojos fuertemente cerrados y las manos cruzadas sobre el pecho para evitar que tomaran su propio camino hacia el cuerpo de su compañero...

Sólo cuando la voz de Changmin, completamente serena, sonó a su lado, Jaejoong abrió los ojos:

—Hemos llegado —dijo solamente.

¿Por qué su voz parecía tan seductora al decir algo tan normal? Sus ojos, mirándolo fijamente por un instante, parecía profundamente invitadores, excitados; y cada uno de sus movimientos cuando un instante después abandonó el coche, parecían gritar su nombre reclamando su contacto...

Jaejoong volvió a morderse el labio inferior, cerrando los ojos. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que sentirse así? ¿Y por qué justamente Changmin de entre todas las personas del mundo? Cualquiera habría sido mejor, cualquiera, incluido el excéntrico Heechul y toda su mala leche... O el resto de sus propios compañeros. Incluso eso podría haberlo soportado.

Pero Changmin...

Sintió como la puerta de su lado del coche se abría, pero no se movió ni un milímetro. No quería ver la diversión de Changmin ante su estado, o peor, su exasperación ante lo descoordinado de sus movimientos. Quería que se fuese y lo dejase ahí, completamente solo, donde todo lo que podría hacer sería contra sí mismo; donde podría dar rienda suelta a su desesperación. O a su excitación. Ni siquiera sabía cuál de las dos era más apremiante...

Jaejoong escuchó un profundo resoplido de cansancio a su izquierda, y al instante siguiente sintió como Changmin intentaban ayudarlo a salir del coche. Una de sus manos lo cogió por la parte superior de su brazo, con fuerza, mientras la otra rodeó su cabeza por detrás hasta apoyarse sobre su hombro derecho. Y, al igual que la primera vez que lo había tocado, toda su concentración se dispersó por completo, olvidándose de todo lo que no fuese su tacto, imaginando esas manos tocándolo por todo su cuerpo, acariciando y excitando a su paso hasta hacer que se estremeciera y gritase de necesidad...

No. No, no, no, no, no. ¡Eso nunca ocurriría!

Abrió rápidamente los ojos para ayudar a su mente a centrarse sobre el lugar en que estaban, y sobre la situación. Y acto seguido, reuniendo todas las fuerzas que le quedaban, apoyó las manos sobre la cintura de Changmin y lo empujó violentamente, logrando que lo soltara y haciéndolo trastabillar en el proceso.

—¡QUE NO ME TOQUES! —gritó, todo lo fuertemente que pudo.

Changmin lo miró confundido, apoyándose en la parte superior de la puerta del coche para mantener el equilibrio que casi le había hecho perder con el empujón. Y luego frunció el entrecejo y su mirada acusadora se clavó en sus ojos de forma casi dolorosa.

—¿Qué coño es lo que te pasa, Jaejoong? —preguntó, evidentemente cabreado—. Ya empiezo a estar cansado de tanta gilipollez junta.

Jaejoong trató de ignorarlo, apoyándose precariamente en la puerta del coche y en el propio asiento para levantarse. Estaba claro que Changmin no iba a dejar que se quedase en su coche, así que todo lo que tenía que hacer era buscar el propio y meterse dentro hasta volver a ser por completo dueño de sus actos. O hasta que hubiese la suficiente gente alrededor como para que Changmin dejase de ser el foco de todo su universo. Lo que ocurriera primero.

Miró alrededor, evitando conscientemente los ojos de Changmin, pero su plaza estaba vacía. Frunció el entrecejo, confuso, y recordó que su coche se había quedado cerca del local donde había estado bebiendo.

Mierda. ¿Por qué los coches nunca estaban ahí cuando se los necesitaba?

Intentó erguirse completamente para alejarse del coche de Changmin —y del propio Changmin—, pero trastabilló al tropezar con sus propios pies y se hubiese caído al suelo si su dongsaeng no hubiese estirado el brazo para agarrarlo por la cintura, con tan mala fortuna que su camiseta se elevó unos centímetros y terminó con la mano directamente apoyada sobre su piel.

Jaejoong sabía que no era una caricia, y mucho menos intencionada, pero no podía evitar sentirla como tal. Su mano estaba estirada, adaptada a la forma de uno de sus costados, quemando su piel como si de un hierro candente se tratase... Y sentir su brazo allí, a la altura de su ombligo, sujetándolo suave y firmemente era la sensación más electrizante del mundo. Jaejoong se estremeció al imaginarse esa mano bajando suavemente, sólo unos centímetros, y acariciando su cuerpo por encima del pantalón allí donde más lo necesitaba. Y deslizándose luego siguiendo su piel, más allá de sus pantalones y su ropa interior, para rodear su erección y masajearla de arriba abajo, despacio, firmemente...

Gimió, cerrando los ojos fuertemente para evitar mirar a su dongsaeng.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Changmin ante el sonido, con la preocupación patente en su tono de voz.

No. No estaba bien. Nunca volvería a estar bien mientras Changmin estuviese a su lado, tan cerca como para...

Se apartó de su brazo, dejándose caer con todo su pecho contra el coche, aun sin abrir los ojos. Tenía que salir de ahí cuanto antes, a donde fuese, era igual. Sólo lejos de Changmin...

—Estoy bien —mintió, con los ojos aun cerrados.

—No es cierto —dijo Changmin, con ese tono calmado tan irritante—. Tu expresión te contradice.

Su voz sonó tan cerca que Jaejoong abrió los ojos, aterrado. Changmin apenas se había movido. Seguía con el brazo izquierdo apoyado sobre la puerta del coche, pero más cerca, y sus ojos preocupados estaban clavados en él de una forma tan íntima que hicieron que Jaejoong tuviese que tragar saliva para poder seguir respirando apropiadamente.

Por Dios, ¿En qué momento se había convertido en alguien capaz de excitarse tanto ante la mera compañía de Changmin? No era justo, nadie debería tener tanto poder sobre él...

—¿Por qué no puedes dejarme en paz? —preguntó, en apenas un murmullo inaudible, incapaz de apartar la mirada de esos ojos—.¿Por qué?

Por un instante, pareció que Changmin iba a decir algo, pero en el último instante guardó silencio. Se limitó a mirarlo de esa forma tan extraña y Jaejoong sintió el peregrino impulso de golpearlo para ver si lograba hacerlo reaccionar, que se fuese y lo dejase solo, que se alejase de él y no volviese a acercarse nunca...

Nunca...

Sólo el pensamiento ya resultaba doloroso. Changmin era una parte tan importante de su todo que no volver a tenerlo cerca sería como arrancarse un brazo, o una pierna, un miembro sin el que su vida jamás volvería a ser la misma. Podría seguir existiendo, pero no viviría...

—Te odio —murmuró, entrecerrando los ojos ante el horror que le provocaba pensar en ello—. Te odio, te odio...

Estaba siendo irracional, y lo sabía. Seguramente Changmin no entendería sus actos, y mucho menos sus palabras, y honestamente ni siquiera se entendía a sí mismo. Pero en ese momento se sentía completa y totalmente atrapado, paralizado, incapaz de avanzar, de pie justo sobre el centro de la línea que separa el necesitar a Changmin cerca y el quererlo lejos para no estropear más sus vidas...

¿Qué podía hacer en una situación así? ¿Cuál era el camino correcto? ¿Por qué todos eran capaces de comprender su situación, de adivinar lo que le pasaba, pero nadie era capaz de darle una solución? Nadie podía entender cómo se sentía sencillamente porque ninguno de ellos estaba en su piel y las palabras jamás serían capaces de expresar ni siquiera una mínima parte del tormento que sentía...

Frustrado, golpeó a Changmin con el puño, alcanzándole en el vientre, deseando liberar de alguna manera la tensión. No lo logró, pero no era capaz de pensar en otra cosa, así que volvió a golpear una y otra vez, bastante torpemente, mientras su dongsaeng lo esquivaba con facilidad. Sin embargo, y en contra de lo que Jaejoong había pensado, Changmin no le devolvió los golpes. Se limitaba a bloquear sus puños con las manos y con los brazos, tratando de calmarlo, y al final consiguió inmovilizarlo contra el coche, llevando sus manos a la altura de sus hombros y presionando sus antebrazos contra la parte superior del cristal.

—¿Has terminado? —preguntó Changmin, tan cerca que sintió su respiración sobre la frente mientras clavaba con ferocidad sus ojos en él.

Jaejoong no podía pensar en nada, apenas sí podía respirar. Sentía las manos de Changmin sobre su piel, presionando con apenas fuerza, apresándolo de un modo muy parecido a cómo lo hacía en sus sueños; su cuerpo estaba en completa tensión, marcándose todos y cada uno de los músculos de sus brazos, de su pecho, y de su cuello; sus ojos, clavados en él eran feroces, y lo atravesaban de un modo casi físico, con una mirada capaz de ponerle los pelos de punta; y respiraba contra su piel, con su aliento rozando su frente en cada espiración, sus labios entreabiertos y ligeramente brillantes por la saliva estaban a menos de un palmo de su cara, tan apetecibles, tan, tan deseables...

Volvió a tragar saliva, intentando calmarse, intentando alejar ese mar de pensamientos irracionales que se mezclaban en su cabeza, y todas esas sensaciones que su sola cercanía le provocaba. Pero entonces inspiró, y el olor almizclado de Changmin lo envolvió por completo, arrancándole hasta la última partícula de raciocino que pudiese quedarle...

No fue capaz de evitarlo. Antes de ser capaz de pensar en lo que iba a hacer, giró su cabeza hacia Changmin y estiró el cuello para besarlo en los labios. El contacto fue frío, y torpe, pero a Jaejoong no le importó, porque la sensación era mil veces mejor de lo que había imaginado, mucho, mucho mejor que en sus sueños. Sus labios eran suaves, invitadores, y Jaejoong se apretó contra ellos, tratando de obtener más, de fundirse con su dongsaeng aunque fuese durante un pequeño instante. Se movió contra ellos, tratando de atrapar su esencia, de descubrir su sabor, y finalmente los acarició con su lengua, deseando, necesitando obtener mucho más...

Fue en ese momento, cuando intentó profundizar el beso, cuando Changmin reaccionó, apartándose hacia atrás y soltándolo en el proceso, al tiempo que fruncía el entrecejo.

Mas Jaejoong estaba más allá de cualquier capacidad de raciocinio.

Aprovechando la repentina libertad de movimientos dio un rápido paso hacia Changmin, cerrando la distancia que este había puesto entre ellos y, agarrándolo por el cuello para impedirle huir, Jaejoong volvió a besarlo. Realmente no le importaba si su dongsaeng estaba dispuesto o no a colaborar, ni las consecuencias que sus actos tendrían después, porque no era capaz de pensar más que en la deliciosa sensación de tener a Changmin para sí, tan pegado que apenas podía colarse el aire entre ellos; y en sentir su piel bajo los dedos, cálida y suave, recortada contra el final de su cabello que se colaba entre sus dedos; y en la mareante sensación de al fin tener sus labios contra los de su compañero, saboreando lo que había soñado tantas veces, pero esta vez de verdad...

No podía detenerse. Abrió nuevamente los labios, tratando de profundizar el beso, de hacerlo más real de algún modo, mientras sus manos aferraban firmemente a Changmin. Sabía que, si este quería apartarse, su fuerza no iba a ser suficiente para impedírselo, pero aun así tenía que intentarlo, tenía que aferrarse a él como si su vida dependiese de ello porque no habría más oportunidades...

Tanteó con su lengua los labios de Changmin, tratando de abrirse camino, necesitando más, mucho, mucho más, y se pegó más a él, curvando los dedos sobre su cabello hasta atrapar algunos de sus mechones fuertemente. Si tan sólo pudiera besarlo de verdad, aunque sólo fuese una vez... Si pudiese sentir por un instante la lengua de Changmin contra la suya...

Como si hubiese pronunciado esos pensamientos en voz alta, Changmin entreabrió los labios, permitiéndole el acceso, y su lengua se unió a la propia en una caricia apenas tentativa, insegura.

Y al instante siguiente, era Changmin quien lo estaba besando, quien lo aprisionó contra el coche bruscamente y lo agarró por la cintura, mientras su lengua se mezclaba con la propia en una apasionada batalla que estremeció hasta el último poro de su piel...

Dios, se sentía tan bien, tan... perfecto...

No había ni el más mínimo ápice de ternura en el beso de Changmin, era salvaje y urgente, totalmente impulsivo, mientras sus manos acariciaban su cuerpo por encima de la ropa de un modo que nada tenía que ver con la suavidad. Pero era Changmin en estado puro, sin reglas, sin cinismo, sin ningún pensamiento en su mente más allá del momento... sólo sintiendo, exactamente como él. En ese momento no existía nada más, sólo ellos dos...

Jaejoong deslizó la mano derecha hasta su pecho, tratando de sentirlo a través de la ropa, e inclinó más la cabeza intentando besarlo más profundamente. En un acto reflejo movió la cadera contra Changmin, rozando su más que despierta erección contra él en una caricia desesperada, y la sensación lo volvió loco. Gimió fuerte y profundamente, aun dentro del beso, y repitió el movimiento...

Y en ese instante, Changmin se apartó.

Jaejoong abrió los ojos, completamente desorientado por el brusco final del beso, y vio a su dongsaeng con los ojos aún cerrados y la respiración completamente agitada. En realidad no se había alejado, al menos no completamente. Permanecía con las manos apoyadas en la parte superior del coche, al lado de sus hombros, y con los brazos completamente estirados. Tenía la cabeza ligeramente inclinada hacia delante, y por su expresión, estaba haciendo un gran esfuerzo por recuperar la calma.

¿Qué mierda había hecho? La comprensión comenzó a penetrar despacio en el cerebro de Jaejoong, mientras trataba de calmar también su respiración, cayendo por fin en la cuenta de lo que había pasado entre ambos, de lo que él había provocado. No sabía qué era lo que pasaba por la mente de su dongsaeng, ni lo que lo había inducido a besarlo de una forma tan arrebatada, tan pasional; pero el horror ante su propio comportamiento era tal que Jaejoong no podía pensar en nada más...

Finalmente, Changmin abrió los ojos, clavándolos en él. Y su mirada estaba tan cargada de excitación que hizo que Jaejoong se estremeciese por completo.

—Así no —dijo solamente, con un tono de voz tan ronco que le puso el vello de punta.

Y luego se irguió por completo, cerró la puerta del coche de un golpe seco y lo rodeó para entrar por el asiento del conductor y ponerlo en marcha.

Jaejoong no necesitó mirarlo para saber cuáles eran sus intenciones, y por una vez estuvo de acuerdo con él. Se apartó torpemente del coche para apoyarse en una de las columnas del garaje y miró como Changmin se alejaba hasta alcanzar el portal y abandonar el edificio en su automóvil.


—~o0o~—



Cuando Junsu y Yoochun llegaron se encontraron a Jaejoong sentado al pie de una columna, en el garaje, exactamente en el lugar en que Changmin les había dicho. Y a juzgar por su expresión, y lo desgarbado de su postura, su mente estaba muy lejos de allí, dispersa en algún asunto que probablemente tenía que ver con el alcohol que, resultaba evidente, había estado bebiendo.

Junsu salió del coche, preguntándose por qué estaba en ese estado y qué demonios tenía que ver Changmin en todo eso. Su dongsaeng había llamado a Yoochun hacía apenas un cuarto de hora para decirle que debían regresar a casa porque Jaejoong estaba sólo y borracho en el garaje, donde era probable que se quedase si nadie iba a recogerlo.

Y, por raras que pareciesen la situación y las vagas indicaciones de Changmin, Yoochun no había preguntado, lo cual escapaba a todas las leyes de la lógica. Su compañero se había limitado a asentir y decirle a Changmin que no se preocupase, que ellos se encargaban. Y acto seguido se había disculpado con sus amigos de Super Junior y se lo había llevado de allí sin darle ninguna explicación.

De hecho, no había abierto la boca en todo el camino, lo cual incrementaba la inquietud de Junsu, puesto que Yoochun nunca perdía oportunidad de hablar. Sobre todo si se trataba de sus compañeros y los extraños comportamientos de estos, algo que su hyung adoraba analizar.

Por supuesto, Junsu se había dado cuenta del comportamiento de Jaejoong y Changmin en los últimos días, de su extraña y forzada comunicación, o más bien la falta de ella. Pero había dado por supuesto que ambos solucionarían el problema que fuese que tenían y todos seguirían adelante con sus vidas, como siempre. Además, era un asunto entre los dos y nadie debería meterse, ni siquiera ellos. Si hubiesen necesitado su ayuda la habrían pedido, así de simple...

Sin embargo, por lo que veía, la situación no tenía nada de sencilla. Si, como parecía, Changmin había dejado a Jaejoong en ese estado en el garaje, sin ayudarlo a llegar a casa, algo fuerte tenía que haber pasado entre ellos. Uno podría llegar a pensar que su relación se había enfriado al vivir tanto tiempo separados, que ya no eran tan cercanos como solían serlo, pero Junsu sabía que no se trataba de eso. Si ese fuese el caso, Changmin nunca hubiese llamado esa noche, y simplemente habría dejado que Jaejoong se las apañase como pudiese.

Esa corta y críptica llamada indicaba lo mucho que en realidad Changmin se preocupaba por Jaejoong, lo que hacía difícil de explicar que lo hubiese dejado solo en ese estado lamentable. Aunque al parecer Yoochun conocía la respuesta a todas esas cuestiones.

Junsu se acercó despacio a Jaejoong, siguiendo a Yoochun, y ambos se detuvieron ante él.

—Jae —dijo suavemente Yoochun, agachándose para quedar a la altura de su compañero—. ¿Tienes fuerzas para levantarte?

El aludido lo miró, enfocando los ojos como si no pudiese distinguir bien quién le estaba hablando, o como si su mente estuviese verdaderamente embotada como para poder pensar con claridad.

—Chun —dijo solamente, reconociéndolo.

Yoochun sonrió, y extendió la mano derecha para tomar la de Jaejoong y ayudarle a levantarse. Lo hizo torpemente, y tuvo que apoyarse en la columna que tenía detrás, pero aun así lo logró. Y cuando estuvo completamente erguido, se lanzó hacia Yoochun y lo abrazó con fuerza, sorprendiendo por completo a Junsu.

Vale que Jaejoong era el más dado a las muestras de cariño de ese tipo, y que el alcohol solía incrementar esa tendencia natural de su hyung. Pero ese abrazo no parecía el típico de ‘exaltación de la amistad’ de cuando uno llevaba algún trago de más encima. No. Era más bien un abrazo de necesidad, como si Jaejoong estuviese completamente perdido y precisase anclarse a algo seguro para seguir adelante.

Junsu observó, curioso, como Yoochun le devolvía el abrazo, y por la mirada cómplice que compartió con él por encima del hombro de Jaejoong, supo que a este no le había sorprendido para nada la actitud de su compañero.

—Has fallado, ¿verdad? —preguntó crípticamente Yoochun.

Jaejoong no contestó, pero se aferró a su compañero aún con más fuerza.

—No importa, lo solucionaréis.

Junsu se acercó para apoyar la mano derecha sobre el hombro de Jaejoong, en un mudo gesto de consuelo. No sabía lo que había pasado, pero era evidente que su hyung no se encontraba para nada bien, y no se refería sólo a físicamente.

Ante su gesto, Jaejoong levantó la mirada, y al reconocerlo sonrió.

—Su —dijo, a modo de saludo y como agradecimiento implícito por su gesto. Luego volvió a girarse hacia Yoochun, separándose apenas de él, y añadió—. La he cagado, Chun, profundamente. No pude resistirlo...

Una vez más, Junsu se preguntó de qué demonios estarían hablando, pero no preguntó. No sólo sería desconsiderado preguntarle a su compañero cuando no tenía sus facultades mentales en perfectas condiciones, sino que además, lo que Jaejoong necesitaba era su apoyo, no un interrogatorio. Si él quería, ya se lo contaría cuando estuviese sobrio...

Sin embargo, no tuvo que esperar a que eso ocurriera, porque las siguientes palabras de Yoochun despejaron gran parte de sus dudas.

—¿Lo besaste? —preguntó, sin poder evitar sonreír.

Jaejoong se mordió el labio inferior y asintió levemente con la cabeza. Y Yoochun, por toda respuesta, se echó a reír ante lo afligido que se veía su hyung por ese hecho.

—¿Besaste a Changmin? —preguntó Junsu, sin poder evitarlo, con los ojos completamente abiertos —. ¿Besarlo cómo?

—¿Cómo crees, Junsu? —preguntó Yoochun, completamente divertido por la situación—. En los labios, obviamente.

La mortificación de Jaejoong se hizo aún más evidente cuando se separó completamente de Yoochun para recargarse en la columna de cemento.

—Pensé que el alcohol me ayudaría a olvidarme de todo...

—No es por nada, pero ese razonamiento es tan malo que estoy seguro de que hasta tú podrías haberlo visto venir —replicó Yoochun.

Junsu no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Desde cuándo Jaejoong tenía ese tipo de sentimientos por Changmin? No podría haberlo imaginado ni en diez vidas. Pensaba que el problema era de otro tipo, alguna discusión, o algo que habían hecho que no había acabado muy bien. ¿Pero eso?

—Joder, ¡Changmin va a odiarme toda la vida! —murmuró Jaejoong, mirándolos fijamente de un modo que casi parecía una disculpa—. Lo siento tanto...

¿Se estaba disculpando con ellos? Claro, probablemente pensaba que Changmin no querría volver a acercarse a él, y que por su culpa el grupo iba a romperse después de todo lo que habían pasado, de todo lo que habían superado para volver a estar juntos...

Creía que por su culpa Dong Bang Shin Ki volvería a romperse...

Entonces Junsu comprendió con meridiana claridad por qué Yoochun se había reído de esa forma ante el problema de su hyung. Y no pudo evitar reírse también. Puede que la situación no tuviera nada de gracioso en ese momento para ninguno de los implicados, pero la situación en sí, en su conjunto, lo era. Porque Jaejoong estaba preocupado porque su relación con Changmin se hubiese ido al traste debido a todo lo que había comenzado a sentir por él, que lo odiase por lo que había hecho...

Pero Changmin siempre había adorado a Jaejoong, más de lo que este se imaginaba, y Junsu hubiese jurado que hacía años que esa adoración iba mucho más allá de la simple amistad.




8 comentarios:

  1. yay! actualizacion!
    bueno esta buenisima aunque me dejas picada!!
    Jaejoong reclamandole que no se da cuenta y es el quien no nota bien las cosas LOL
    hasta Junsu sabia que era ridiculo lo que pensaba eso ya te dice mucho!!!XD
    estuvo buena esperare la otra.... el lunes ??

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  2. El lunes no, lo pongo al final xDD
    Es imposible que pueda publicar el lunes porque aun apenas comienzo el capítulo, y apuesto a que será más largo que este por todo lo que tengo que meter en él (y este eran más de 7000 palabras, así que imagínate).
    De todos modos, ya sólo quedan dos para el final, esto son dos semanas nada más, así que no desesperes ^_^
    Como siempre, gracias por comentar!!

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  3. esta bien esperarepero cuando lo termines escribiras mas Jaemin *solo leo fanfics con min como principal o uno de ellos XD*

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  4. xDDD Cuando acabe, inmediatamente después tengo pendientes dos OT5 (Uno como regalo para una amiga por su cumple, que se lo debo, y otro para un intercambio del Amigo Invisible para navidades).
    De todos modos entiendo tu punto. Yo también leo sólo fics en los que Min sea uno de los protagonistas xDDD

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  5. xDDD Subiré hoy, pero por la noche, que es cuando tengo tiempo! No desesperes! ^_^

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  6. hey agradezcanme tambn yo tambn los sigo es k tuve un tiempo desconectada del pc a causa de la uni pero ya volvi y molestare mucho xD no mentira no hay que agradecer, XD!!!! es solo broma en fin cada vez mas adorooooooo tu fic omo omo omo >.< ya me has recordado pk amo tanto el jaemin jejeje xD jeje junsu jejeje xD siempre me sorprende sus sabias palabras o pensamientos hasta actos xD kekeke xD

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  7. Te agradezco, te agradezco!! Infinitamente además!!
    Me alegra que te siguiera gustando el fic hasta el final! Yo me divertí muchísimo escribiéndolo, puesto que el Jaemin es mi segunda pareja favorita (la primera es el OT5, aun cuando no es propiamente una 'pareja' xDD).
    Y sí, a Junsu yo me lo imagino así, más sabio de lo que muchos piensan... xDDD
    Muchísimas gracias por comentar, guapa! ^_^

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